Nuestra pobre manera de ver

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  Cómo nos engañan nuestros sentidos  Escrito por Rubén Felix Galvano  Una de las cosas que siempre me asombra es la observación de los fenómenos naturales. Por ejemplo, el otro día Venus estaba muy cerca de la Luna. Lo extraño de todo esto es la percepción que tenemos de dicho fenómeno. Desde la enorme distancia a la que nos encontramos, nos parece que ambos cuerpos están próximos entre sí, pero la realidad es que se encuentran muy lejos el uno del otro. Si lo representamos a escala, sería como la distancia que existe entre mi casa en Villa Bosch y la Costanera, o entre la Casa Rosada y Laferrere. Otro de los fenómenos que me gusta observar son las estrellas cuando titilan. Cuando uno va al campo y contempla el cielo nocturno, puede ver que algunas parecen parpadear. Ese efecto no se produce en las estrellas, sino en la atmósfera terrestre, que altera la luz antes de que llegue a nuestros ojos. Sin embargo, lo verdaderamente asombroso es pensar que la luz de muchas de es...

Yo soy

 


Yo no soy lo que me pasó,

aunque sé que fue mucho el dolor que me cruzó.

La vida me ha cortado, como un lienzo pintado con un cuchillo. 

No soy la suma de ninguna de mis tristezas.

Aunque soportar tantos dolores debería ser premiado como proeza,

una medalla olímpica al sufrimiento me la he ganado… pero no la quiero.


No soy las palabras soltadas,

ni las veces que el mundo me encasilló.

No soy el desprecio que he recibido,

ni la multitud de miradas que me han lastimado.

No soy ninguna de las burlas ni mentiras.

Y aunque algunas fueron bien dichas,

no soy la suma de mis desdichas.


Soy lo que Dios dice que soy:

su hijo, adoptado por la sangre de Cristo (Juan 1:12; Efesios 1:5).

Soy como Él me mira, como Él me llama:

nación santa, real sacerdocio, pueblo adquirido por Dios (1 Pedro 2:9).

No estoy solo ni estaré vencido,

pues Aquel que puso límites al mar está conmigo (Job 38:10-11; Isaías 43:2).


No soy ninguno de mis logros.

Si los tengo, los agradezco,

pues no los merezco: son por su gracia,

y si Él me los pide, los dono (1 Corintios 4:7).


No soy ninguna de mis palabras.

Aunque suenen brillantes, son plomo.

Nadie se salva por obras,

menos por palabras bonitas.

Ser íntegro es todo (Efesios 2:8-9; Proverbios 10:9).


No soy ninguno de mis talentos.

Aunque parezcan ciertos, no son míos:

son un préstamo (Mateo 25:14-30).

Soy lo que Dios dice que soy: su mayordomo,

un vaso de barro con un tesoro que no me pertenece (2 Corintios 4:7).


Soy una casa de barro que, por su gracia, es un palacio (2 Timoteo 2:20-21).

Soy un proyecto de Dios, una promesa en cumplimiento.

El que comenzó la buena obra en mí la perfeccionará con el tiempo(Filipenses 1:6).

Nada se le escapa. Él lo logrará (Romanos 8:28).


No soy lo que me cuesta, ni lo que me limita.

Abro mis palabras, oro en silencio,

clamo al cielo,

y mi Padre me hace upa,

me reconcilia con el cielo (Romanos 8:15-16; Lucas 15:20).


Soy lo que Dios dice que soy,

aun cuando su Palabra corta…

porque después, con su otra mano, me venda (Hebreos 4:12; Oseas 6:1).


Soy su hijo. Y eso es definitivo. (Gálatas 4:6-7)

Ruben felix Galvano 

Comentarios

  1. Muy bueno profe siga x ese sendero que aunque largo y estecho es el correcto y verdadero
    La verdad que perdura y traspasa aunque la vida se pasa, cortante como estaca dicha con firmeza se destaca

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