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La envidia del Prestidigitador

  En la política, la literatura y el cine suele triunfar el “encantador”: el que seduce, simplifica y electriza al público. El problema no es su éxito —que es natural en cualquier mercado cultural— sino la confusión entre ese registro y otros estratos de producción intelectual. En términos simples: es la tensión entre el carismático y el intelectual por el control del campo donde se producen significados y símbolos. En política: el orador carismático se enfrenta al intelectual orgánico.  En televisión: el showman que domina la escena compite con el periodista de investigación.  En música: el guitarrista que llena estadios frente al pianista virtuoso. En cultura popular: presentadores como Jeremy Clarkson ganan audiencia frente al perfil técnico de James May en el programa Top Gear. La pregunta no es por qué gana el encantador. Eso es evidente, porque conecta con audiencias amplias. La pregunta real es otra: ¿por qué tantos intelectuales quieren ese reconocimiento sin ace...

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