Un spaghetti western en un 147
Escrito por Rubén Felix Galvano Mi primer viaje largo en auto fue con mi familia. El destino era la casa de mi suegro, a unos 16 kilómetros. Yo hacía apenas tres semanas que tenía el registro y había manejado solo tres veces. Esa semana ya me había cansado de practicar recorridos cortos, de tres, cuatro o cinco cuadras. Entonces tomé una decisión: ir al trabajo en auto. Me desperté tarde a propósito, para no tener que tomar el colectivo, y salí rumbo a Ciudadela. Desde Villa Bosch, eran unos 8 kilómetros. Fui sin GPS; sabía hasta dónde tenía que llegar y que, una vez en la General Paz, podía orientarme hasta la escuela. Estaba seguro y en segunda marcha, tan tenso que no entraba ni una uña en el entrecejo. El viaje salió bien ese jueves. Eso me dio confianza. El viernes decidí ir a trabajar todo el día con el auto. Tenía tres escuelas, y cumplí toda la jornada manejando, ya en tercera velocidad a veces. Cuando volví, con otra seguridad, le dije a mi familia: el sábado vamo...