Soy esa paloma
El otro día, mi hija me llamó desde su cuarto, el que comparte con su hermano Liam, de cuatro años. Me dijo: —Papá, entró una lagartija bebé. Sacala sin lastimarla. Había más expectativa que miedo en su voz. Miré a la lagartija, después los miré a ellos dos, y pensé: bueno. Agarré un tupper, lo apoyé con cuidado encima de la lagartija y, con una hoja dura, la deslicé entre el recipiente y la pared. Así la atrapé sin hacerle daño. La llevé hasta el patio, levanté el tupper y la dejé libre. La lagartija no entendía bien lo que había pasado. Yo, en voz baja, le dije que tuviera una buena vida. Mi hijo me sonrió. Mi hija se sorprendió por el ingenio de la maniobra. Al día siguiente, apareció otra lagartija, todavía más chiquita. Esta vez había quedado atrapada dentro de un botellón de agua donde estábamos plantando una batata. El plástico resbalaba, así que no podía trepar ni salir. La llevé al patio, cerré la reja para que los perros no la molestaran y apoyé el botellón de costado. ...