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Lecciones al volante de un conductor tardío

   Escrito por Rubén Felix Galvano  Uno de los placeres de mi vida adulta es manejar. Lo digo por una cuestión familiar, ya que a mi padre nunca le interesó tener un auto y yo recién empecé a manejar a los 36 años. Algo de lo que me arrepiento es no haber empezado antes. Por lo tanto, todo lo que aprendí no fueron consejos heredados ni el resultado de haber ayudado a mi papá de chico, sino los aciertos y frustraciones de un intelectual adulto enfrentándose a los desafíos de la mecánica. Mi primera joyita fue un Fiat 147, año 95. Fue el auto que me hizo soñar, frustrarme, enojarme y reír. Siempre pensé que solo las mujeres —mi esposa— podían generarme emociones así, hasta que tuve un Fiat que parecía que se desarmaba cuando andaba a más de 80 kilómetros por hora. Lo primero que aprendí fue a través de mi instructor de manejo. Me dijo: “Rubencito, manejar es algo serio; nunca hagas algo de lo que te sientas incapaz”. Claro, en un mundo de imprudentes y osados, el auto puede...

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