EL OLOR A MANDARINAS
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Una poesía a mi hija Kiara
Escrito por Rubén Félix Galvano
Tengo una niña que huele a mandarinas,
rápida patinando como un avión.
Ella buscaba estrellas por la noche,
como yo buscaba su risa.
Si todos los sueños se formaran los lunes,
no esperaríamos el fin de semana
para salir a la plaza.
Pero el tiempo igual se nos pasa,
aun sentados, o riendo a carcajadas.
Tengo una niña que ya trabaja.
Ya no juega a ser princesa.
Ella es una dama
que se indigna con la política.
Ya no busca estrellas,
aunque señala la luna
y dice que está bella.
Huele a perfume y tiza
cuando paso cerca de las plazas.
Mentiría si dijera
que no extraño nuestras pavadas.
¿Dónde queda el tiempo guardado?
¿Por qué las fotos en mi mente son animadas?
¿En qué momento
mis bromas dejaron de ser graciosas?
¿En qué momento
mis errores dejaron de ser victorias?
¿Cuándo dejé de ser
el hombre más fuerte del mundo
y apareció mi dolor de espalda?
¿Y dónde quedó aquel viernes
de películas malas?
¿Cuándo dejamos de hablar
de monstruos y hadas?
¿Cuándo fue la última vez
que oramos juntos por la noche?
¿Dónde está aquella niña con miedo
que me necesitaba?
Ahora solo veo
una mujer valiente,
más fuerte de lo que yo podría ser.
Tanto le dije que fuera fuerte
que, sin darme cuenta,
perdió el olor a mandarinas.
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