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Mostrando entradas de abril, 2026

Dios es el héroe de la humanidad

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  Escrito por Rubén Felix Galvano  Al leer la palabra, en específico cualquier porción del Antiguo Testamento, nos encontramos que la motivación de la historia es el conflicto, y los hombres que lo enfrentan solo tienen una herramienta, su fe en Dios, que con su intervención a través de una palabra, una visión, un milagro o una orden, encamina la resolución de los conflictos. Dios es el héroe del pueblo hebreo, y los patriarcas, hombres que aprendieron a caminar cada uno a su manera, relacionándose de manera singular y personal con el creador. Walter Brueggemann sostiene que el Antiguo Testamento debe leerse como una gran narración teológica en la que Dios es el sujeto activo de la historia, mientras que Israel aparece como un socio ambiguo, muchas veces infiel. La trama bíblica no avanza por la coherencia moral del pueblo, sino por la fidelidad obstinada de Dios, que rehúsa abandonar su proyecto aun frente al fracaso humano. En este sentido, Dios es el verdadero protagonista ...

Cielos de ciudad y alas de papel

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  Lo que perdimos y lo que aún permanece  Escrito por Rubén Felix Galvano  No sé si se han dado cuenta de que, mientras más luminosas se volvieron las ciudades, se empezaron a ver menos las estrellas. Un costo para mejorar el confort y la seguridad, pero para mí, demasiado elevado. Recuerdo de niño buscar en las estrellas alguna señal, algo distinto, una guía, y hoy levanto la vista durante la noche y, aunque sea un simple espectador de la creación y su majestad, no puedo apreciar nada. Me pasa lo mismo con las cometas o barriletes: antes había cinco a diez en cada plaza y hoy casi no existen. Recuerdo cuando uno se cortó y el viento se lo llevó. Pensé, con esa imaginación de niño, si habría llegado al mar, si lo habría cruzado, si habría caído en manos de otro niño solitario. Hoy, si tuviera alas de papel como los barriletes, me gustaría cruzar el mar, pero sé que no llegaría. Este futuro parece haberse llevado varias cosas milenarias: las estrellas de la noche, las come...

Un spaghetti western en un 147

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  Escrito por Rubén Felix Galvano  Mi primer viaje largo en auto fue con mi familia. El destino era la casa de mi suegro, a unos 16 kilómetros. Yo hacía apenas tres semanas que tenía el registro y había manejado solo tres veces. Esa semana ya me había cansado de practicar recorridos cortos, de tres, cuatro o cinco cuadras. Entonces tomé una decisión: ir al trabajo en auto. Me desperté tarde a propósito, para no tener que tomar el colectivo, y salí rumbo a Ciudadela. Desde Villa Bosch, eran unos 8 kilómetros. Fui sin GPS; sabía hasta dónde tenía que llegar y que, una vez en la General Paz, podía orientarme hasta la escuela. Estaba seguro y en segunda marcha, tan tenso que no entraba ni una uña en el entrecejo. El viaje salió bien ese jueves. Eso me dio confianza. El viernes decidí ir a trabajar todo el día con el auto. Tenía tres escuelas, y cumplí toda la jornada manejando, ya en tercera velocidad a veces. Cuando volví, con otra seguridad, le dije a mi familia: el sábado vamo...

Lecciones al volante de un conductor tardío

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   Escrito por Rubén Felix Galvano  Uno de los placeres de mi vida adulta es manejar. Lo digo por una cuestión familiar, ya que a mi padre nunca le interesó tener un auto y yo recién empecé a manejar a los 36 años. Algo de lo que me arrepiento es no haber empezado antes. Por lo tanto, todo lo que aprendí no fueron consejos heredados ni el resultado de haber ayudado a mi papá de chico, sino los aciertos y frustraciones de un intelectual adulto enfrentándose a los desafíos de la mecánica. Mi primera joyita fue un Fiat 147, año 95. Fue el auto que me hizo soñar, frustrarme, enojarme y reír. Siempre pensé que solo las mujeres —mi esposa— podían generarme emociones así, hasta que tuve un Fiat que parecía que se desarmaba cuando andaba a más de 80 kilómetros por hora. Lo primero que aprendí fue a través de mi instructor de manejo. Me dijo: “Rubencito, manejar es algo serio; nunca hagas algo de lo que te sientas incapaz”. Claro, en un mundo de imprudentes y osados, el auto puede...