La oveja fugitiva

 


Escrito por Rubén Felix Galvano

Todos conocemos la parábola de la oveja perdida. Una historia sencilla que muestra la relación de la humanidad con Dios. Si la contamos como un bucle, es un resumen perfecto de nuestra historia.

Acto primero: una oveja se pierde.

Acto segundo: el pastor la va a buscar.

Acto tercero: la oveja es encontrada y llevada al redil.

Acto cuarto: la oveja vive feliz y tranquila un tiempo… y se vuelve a perder.

Por lo que se ve, Jesús se pasa más tiempo buscando ovejas perdidas que sanando enfermos. Él es un buen pastor y un especialista en encontrar ovejas perdidas y traerlas al redil; podemos afirmar que para eso vino.

Pero… si el animal no se perdió ¿Jesús va a buscar ovejas fugitivas? Aunque parezca una broma existe una bibliografía extensa de pastores, teólogos y filósofos que han intentado resolver esta pregunta. Con un trabajo detectivesco y forense, han analizado las huellas del hecho, las palabras de otros testigos y han tratado hipótesis muy complejas sobre por qué falta una oveja, para determinar si fue un secuestro, una fuga o si evidentemente se perdió.

Porque en cierta manera los cristianos muchas veces buscamos un culpable más que a un perdido. Lo bueno es que Jesús sabe la verdad «Todos sin Dios estamos como ovejas sin pastor». Lo cual nos trae otra pregunta, casi filosófica que pocas voces hacemos.

¿Cuándo las ovejas empezaron a tener pastor? Resolver esta pregunta es de vital importancia, porque la oveja es un animal domesticado. Para poder responder quiero formular mi hipótesis: creo que las mismas ovejas obtuvieron sus pastores cuando la humanidad perdió la relación con Dios.

La biblia nunca presenta a los hombres como pastores antes de la caída.  En el Edén, cuando salimos, inmediatamente a los pocos versículos lo vemos a Abel y su ganado ovino.

Y ahí está la clave: cuando perdimos a nuestro Pastor, no aprendimos a estar sin pastor. Aprendimos a serlo. Nos volvimos pastores de ovejas porque dejamos de ser ovejas de Dios. 

Desde ese momento hemos reemplazado a nuestro pastor y Padre eterno, por distintos tipos de rebaños, culturas y estilos de gobiernos. 

De esta relación de poder y control no sé cuánto ha ganado el rebaño  y cuánto nosotros. Pero las ovejas ganaron quien las cuide, les ponga nombre, elija los pastos más suaves y las rescate cuando se pierden. Todo lo que perdimos en el Edén. Domesticamos lo que ya no podíamos ser.

Por eso cuando Jesús viene a buscarnos, no viene de pastor a oveja como cualquier otro. Viene de oveja a oveja. Él también se hizo cordero para poder ser el único Pastor que de verdad sabe lo que pasa en el corazón de todos.

Entonces Jesús nos vio como ovejas sin pastor y una por una nos llevó al redil, porque todos nos alejamos de Dios.

Por eso creo que a Jesús no le importa si la oveja se perdió o se escapó. No hace preguntas de investigación ni proclama juicios de valor, no busca expedientes ni le interesa si es prófugo o extraviado. 

Él escucha una oveja balando su nombre como Bartimeo y la va a buscar, porque Jesús también es oveja. La clasificación que ponemos nosotros a cada situación de los movimientos del rebaño,  el trabajo detectivesco y los juicios de valor que hacemos  antes de ir como imitadores de Jesucristo, solo muestra que todavía no conocemos en profundidad el corazón de Jesús y no podemos mirarnos como él nos mira.

Por lo tanto te aseguro que si no tenés rebaño y estás sola, gritá como Bartimeo «Jesús, ayuda, tené misericordia de mí» y Él dejará a las noventa y nueve por irte a buscar.

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