Gracias Lionel Messi
Texto dedicado por su último partido en la selección
Escrito por Ruben Felix Galvano
Cuando estaba en el secundario quedé libre por una enfermedad y tuve que rendir un oral de gimnasia, porque sin el alta médica no podía practicar deporte. Mi profesor, sabiendo cuánto me gustaba el fútbol, me dijo: «Ya que te gusta tanto, estudiate la historia del fútbol». Ahí empecé a estudiar.
La verdad es que no sabemos dónde nace el fútbol. Los juegos de pelota aparecen en distintas épocas y en distintas sociedades. Sí sabemos que los ingleses le dieron sus reglas al fútbol moderno. Pero también sabemos que fue en los barrios obreros de Ámsterdam, en las favelas de San Pablo, en las villas de Buenos Aires y en Rosario donde ese juego se mejoró.
Creo que la última gran mejora que recibió el fútbol ocurrió en Rosario. Y no lo digo solo porque sea cuna de grandes jugadores argentinos, sino también porque, como santafesino, es un orgullo decir que muchos de los grandes miembros de nuestra cultura, esos que nos sacaron una sonrisa, vienen de Santa Fe.
El fútbol es un deporte a la vez colectivo e individual. Es colectivo porque cuando ganamos, ganamos todos, y cuando perdemos, perdemos todos. Pero también es individual, porque podés meter cuatro goles en un partidazo y que tu equipo reciba cinco. En cierta forma perdiste, pero para la estadística metiste cuatro.
Algo pasó cuando empezó a jugar Lionel Messi. Por una extraña razón, aun cuando tu equipo perdía, vos terminabas ganando algo.
Por eso la pregunta más incómoda de hoy no es qué pasará con el fútbol después de Lionel Messi. El fútbol existió antes de Messi y va a existir después. La pregunta de verdad es otra: ¿se podrá subir más alto?
Es una afirmación difícil de sostener. Por eso quiero emprender una crónica del fútbol que me permita respaldarla. También quiero hacer un recorrido por algunos nombres, pensando en quienes tienen mi edad, nacieron a finales del siglo XX y pudieron disfrutar de los cambios de su tiempo: en la sociedad, en la cultura, en la tecnología y también en el deporte.
Tendría que empezar este relato por Maradona. Nací en los años 80, así que mis primeras experiencias de fútbol llegaron en los 90, con aquel Mundial. Yo tenía apenas cinco años y me quedaron solo fragmentos: algunos goles, algunas gambetas, él insultando a los italianos cuando silbaban el himno, y mi viejo llorando en la final.
Recién en los noventa empecé a jugar yo. No había internet, y el cable recién empezaba en Argentina. Por eso lo que recuerdo es el fútbol argentino: el Palomo Usuriaga, Francescoli, Crespo, Ortega, Gallardo, el matador Hernández cuando vino a Boca, Batistuta en sus tiempos de juventud. Y también aquella selección increíble que llegó al Mundial del 94 y quedó afuera.
Mis primeras experiencias con el fútbol fueron medio caóticas, pero hermosas. Era una época en la que cada equipo tenía su jugador de referencia: un gambeteador, un 10, un atacante increíble. Ver cada partido era enfrentarse a esos titanes.
Seguro se me olvidaron muchos nombres. Los años hacen estragos, y cuando uno estudia sociología, historia y teología va reemplazando unos conocimientos por otros; mi memoria se especializó en otros hechos. Pero sí recuerdo haber crecido viendo fútbol argentino, y que siempre, en cualquier partido, podía asomar un partidazo.
Entre el 94 y el 98 llegó el cable a mi casa: canales de fútbol y las ligas de Europa. En TyC Sports había un programa que pasaba los resúmenes de todos los partidos de las cinco grandes ligas europeas. Recuerdo una época de excelencia futbolística que culmina en 1998, con selecciones llenas de jugadores increíbles. El Mundial de Francia fue, para mí, el mejor. Todas las selecciones tenían figuras y los partidos eran increíbles: Šuker, Ronaldo, Rivaldo, David Beckham, Owen, Davids, los hermanos Laudrup, Chilavert, Salas, Zamorano... y seguramente me olvidé, o decidí omitir, a diez o quizás veinte más.
Vi goles, gambetas y golazos, y después de ver actuaciones brillantes jugué mis batallas en los potreros. Aquel fútbol era increíble: eran los tiempos de los mitos griegos, pero con titanes gambeteando.
Después apareció Riquelme, que pudo ser más grande, pero su personalidad lo limitó. Saviola y Aimar, en su época de River y en Benfica. Park, Scholes y Rooney en el Manchester United. Reus en el Dortmund, Sneijder y Robben, Ibrahimović en distintos equipos, el genio de Ronaldinho y, sobre todo, dos que guardo en el corazón: Tevez y el Garrafa Sánchez.
Cada uno fue un libro de Julio Verne, una aventura en el fondo del mar. Cada uno me llevó al elogio máximo: «¡qué golazo!», «¡qué genio!». Me dieron ganas de jugar al fútbol, de meter un gol, de ser protagonista en la cancha de la esquina.
Pero un día vi jugar a Lionel Messi, y descubrí que todos eran mortales.
Gracias, Lionel, por elegir la selección y darnos tantos recuerdos hermosos. Sos como un sueño, una fábula. Verte fue como cuando leí El Señor de los Anillos, como cuando se destruyó la Estrella de la Muerte, como cuando descubrí la poesía. Reí con vos, grité tantos goles, lloré con vos, aunque nunca tanto como lloraste vos.
Lo único más hermoso que verte jugar al fútbol es jugar al fútbol.
Recuerdo una anécdota de un DT tuyo de las inferiores, que te prometió un alfajor por cada gol, y dos si era de cabeza. Y vos, al cobrarlos, los repartías. Eras el dueño de todos los alfajores y los repartías, porque el fútbol es así: individual, pero colectivo.
Hoy, a tus 39 años, también sos dueño de todos los alfajores. Y de los míos también.
Excelente
ResponderEliminarGracias
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