El tren de la historia: poblar, producir y organizar la Argentina

 


Escrito por Ruben Felix Galvano 


El tren avanza pero no siempre sobre rieles de acero, a veces sobre huellas, otras sobre caminos de tierra, otras sobre ideas, muchas veces sobre personas. En cada estación, el territorio cambia, se organiza, se disputa.

Los cambios en todo territorio son en sí un proceso de apropiación, de organización y del cambio de la visión política y económica que actúan sobre las necesidades y nos dicen cuáles se priorizan.

La visión es siempre política y económica, dos ideas que van de la mano, mientras deciden en cada momento histórico que es lo más importante en cada proceso. Estas dos cosmovisiones en realidad son una porque toda visión política posee su visión económica y toda decisión económica es política. Por lo tanto al materializar políticas sobre el territorio se le da un anclaje sobre la realidad a conceptos simbólicos bien claros.

Este proceso llamado territorialización en Argentina, tuvo cuatro etapas de poblamiento, construcción y organización territorial . 


Estación 1: Territorios habitados (Etapa aborigen)

Antes del tren, antes del Estado, antes incluso de la palabra “Argentina”, el territorio ya estaba poblado.

Los pueblos originarios organizaban el espacio según sus necesidades: caza, recolección, agricultura, movilidad. No había una única forma de habitar: mientras en el noroeste predominaban sociedades agrícolas sedentarias, en la Patagonia y la región pampeana se desarrollaban formas de vida más móviles. Las terrazas de cultivo en el NOA convivían al mismo tiempo frente al nomadismo estacional en la llanura pampeana.

El territorio no era un recurso a explotar, sino un espacio de vida.

“La tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la tierra.” (Cosmovisión atribuida a pueblos originarios americanos)

Desde la geografía, esta etapa muestra un uso del territorio diversificado y adaptado al ambiente, sin fronteras estatales, pero con territorialidades claras.

Antes de que existieran los límites provinciales, el actual Noroeste argentino no era un territorio aislado, sino una pieza clave del Qhapac Ñan o Camino del Inca. 

Esta red vial de más de 30.000 kilómetros funcionaba como la columna vertebral de los Andes, conectando asentamientos locales con el Cuzco, el centro del poder imperial. 

A través de este sistema de caminos, tambos y centros administrativos (como el Shincal de Quimivil en Catamarca), circulaban no solo recursos y productos, sino también saberes, lenguas y formas de organización política que integraban a nuestras regiones del norte en una dinámica continental mucho antes de la llegada de los europeos

Esta etapa aborigen no desaparece: atraviesa toda la historia, resistiendo, configurándose, siendo desplazada, exterminada, con mestizaje e invisibilizada.


Estación 2: Orden colonial (Etapa colonial)

El tren cambia de dirección. Llega la conquista.

El territorio comienza a reorganizarse bajo una lógica nueva: la del imperio. Aparecen ciudades como nodos de control, rutas que conectan recursos con puertos, y una economía extractiva.

El espacio se ordena en función de la metrópoli.

“Las Indias no han de ser sino para utilidad de España.” (Idea presente en la política colonial española)

Surgen actividades como la minería en el Alto Perú y economías regionales subordinadas. El actual territorio argentino queda en una posición periférica, con centros como Córdoba o Buenos Aires que articulan circuitos comerciales.

La población también cambia: disminuye la población indígena, llegan europeos, se incorporan africanos esclavizados.

Desde lo político, el territorio se organiza en virreinatos, gobernaciones e intendencias.

El territorio no miraba al Atlántico, sino al Pacífico y al Alto Perú. Buenos Aires era el "fondo del bolso" (la salida trasera y clandestina) pero la expansión hacia el conosur empezó a conquistar un nuevo territorio.

Desde el norte (desde Perú): Funda Santiago del Estero (1553, "madre de ciudades").

Desde el ​oeste (desde Chile): Cuyo y Mendoza. 

Desde el ​este (desde España/Asunción): El litoral y Buenos Aires. 

Pero sucedió un hito temporal en 1776, la creación del Virreinato del Río de la Plata. Aquí el eje económico gira 180°: de Potosí hacia el puerto de Buenos Aires.

Esto fue así, porque era mucho más directo y económico conectar el puerto de Buenos Aires con Europa a través del Océano Atlántico que seguir dependiendo de las rutas montañosas del Perú. La corona española necesitaba un mejor control del territorio para frenar el avance de los portugueses y el contrabando británico en el Río de la Plata.  



 Estación 3: Territorio en disputa (Etapa independentista)

El tren se sacude. Ya no hay un solo conductor. Las guerras de independencia se deshacen del maquinista y los oficiales de abordo. Pero luego las guerras civiles transforman profundamente el territorio. Se rompen las estructuras coloniales, pero no hay un modelo único que las reemplace.

El concepto de "Provincias Unidas" no era tan cierto, no eran un bloque sólido, sino islas de población (oasis) rodeadas de un "desierto" que en realidad era territorio indígena soberano. Esto es por la forma en que poblaron el territorio los españoles, fundando ciudades para administrar grandes extensiones. De ahí es que las provincias, no todas, anteceden al país. 

Pero luego de San Martín, Güemes y Belgrano, los unitarios y federales discuten el rumbo, cómo organizar el país.

“¡Viva la Santa Federación!” se escuchaba en los rincones, “Gobernar es poblar.” se respondió a viva voz.

Las economías regionales buscan autonomía, mientras Buenos Aires concentra el puerto y la aduana. El territorio es escenario de conflictos: se convierte en la llave del territorio porque controla la entrada de ríos y la recaudación de importaciones. Las provincias unidas no están plenamente integradas.

Y hay un dato clave: grandes extensiones (como la Patagonia o el Chaco) siguen bajo control indígena. Es decir, la etapa aborigen sigue presente, tensionando el avance del Estado.

Estación 4: Un país que se organiza (Construcción del Estado nacional)

El tren acelera. Ahora sí hay un proyecto dominante.

A fines del siglo XIX, el Estado nacional se consolida: se unifica el territorio, se establecen fronteras y se impone un modelo económico claro: el agroexportador.

El territorio se reorganiza profundamente: se expanden las fronteras (como en la llamada “Conquista del Desierto”), se incorporan nuevas tierras a la producción y se construyen ferrocarriles para conectar el interior con el puerto.

Pero hay que aclarar que las vías del tren no se trazaron para unir a las provincias entre sí, sino para que todas las líneas convergieran en el puerto de Buenos Aires, para llevar los granos a Europa.

Luego se fomenta la inmigración europea esto hace que la población crezca y se concentra en la región pampeana.

La economía se especializa: exportación de carnes y cereales, importación de manufacturas. Pero la gran tensión aparece con claridad: No se discute el modelo económico (agroexportador), sino el modelo político (oligarquía).

Centralismo vs federalismo, inclusión vs exclusión, democracia vs oligarquía.

El territorio ya está integrado… pero no necesariamente de forma equitativa. 

La reforma educativa de Sarmiento, la ley Sáenz Peña y las revoluciones radicales nos muestran un país que intenta no ser para pocos, las élites que lo formaron, sino para todos sus habitantes. 

 Estación final (abierta)

El tren no se detiene. La historia del poblamiento argentino muestra que el territorio no es algo fijo, es el resultado de decisiones, conflictos y modelos políticos económicos 

Desde los pueblos originarios hasta el Estado nacional, cada etapa dejó su huella. Y quizás la pregunta más importante para los estudiantes sea ¿Qué país se construyó en este viaje llamado Argentina?



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