De la Reforma Protestante al Nazismo: ¿Qué fue lo que pasó?

 


Escrito por Rubén Felix Galvano 


En Alemania sucedieron dos hechos históricos tan distantes entre sí como disímiles. Por un lado La Reforma protestante introdujo una idea revolucionaria: el individuo es responsable de su propia salvación y tiene derecho a interpretar la Verdad, trayendo consigo la alfabetización, autoridad basada en la Biblia y la revalorización del prójimo. Por otro lado el Nazismo dejó de lado toda verdad y puso como centro de la revelación una doctrina estatal que intentó aplastar todo lo diferente. ​¿Cómo una sociedad cimentada en la ética de la Reforma —basada en la responsabilidad individual ante Dios y el acceso directo a la Verdad— terminó cediendo su conciencia a un régimen que absolutizó al Estado y sacralizó la raza?

El siguiente trabajo se nutre de otros autores, sociólogos, historiadores y filósofos que caminaron el sendero que yo estoy trazando, aunque su finalidad es que, ante los tiempos extraños que atravesamos, encontremos en el pasado como un espejo, los errores del presente. 

El fascismo alemán no fue un brote de ignorancia, una psicosis social o un delirio colectivo, sino el síntoma de una modernidad incompleta, de procesos históricos que llevaron a una religión política. 

​"Cuando Dios es desplazado del mundo, el lugar de Dios no queda vacío; es ocupado por sustitutos intramundanos... El espíritu religioso no desaparece, sino que se invierte en símbolos políticos que se vuelven absolutos y, por lo tanto, demoníacos.” (Voegelin, Eric. 2014)

 Como bien analiza Ralf Dahrendorf, Alemania vivió una modernización técnica acelerada sin una "digestión" política liberal. En apenas cuatro décadas, pasó del feudalismo a la vanguardia industrial, dejando un vacío de identidad civil que la derrota de 1918 convirtió en herida abierta.

Aún así parece una película de terror, una trama de realismo mágico, que llevó a una sociedad del monte Sinaí y la ley escrita con fuego sagrado hasta el holocausto a los dioses paganos, como si el canon del pentateuco cobrara vida otra vez. En un momento Alemania estaba recibiendo la revelación como Moisés ante las tablas de la Ley, para luego, en otro lugar, adorando becerros de oro de la idolatría fascista. 

De la ética protestante al nihilismo 

En Alemania, la ética protestante —fundada en la gracia, la fe, la Escritura y la responsabilidad individual ante Dios— trajo un proceso de alfabetización. Alemania era una nación culta, pero saber leer no te inmuniza contra el dogma si no existe el pensamiento crítico, esto genera que lectores bien entrenados consuman propaganda sin sojuzgarla. Esta situación de alfabetización sin discernimiento es peor que el analfabetismo.

En la Alemania de los años 30, la educación sirvió para:

​Sustituir la sabiduría por la técnica: Se formaron expertos en procesos que eran analfabetos en propósitos. Nada es más peligroso que aprender un proceso y no darle una finalidad ética. Si no nadie estaría tranquilo en una mesa para comer con tantos cuchillos cerca.

​Unificar el lenguaje: La radio y la prensa crearon un ecosistema semántico donde palabras como "sangre", "suelo" y "purificación" perdieron su sentido metafórico para volverse imperativos biológicos. Una población educada pero que compraba los sentidos sobre el mundo que ofrecieron sin dudar. ¿Cómo es posible?.

En Alemania, la ética protestante fue reemplazada por una ética histórica secularizada. Al desaparecer la trascendencia, el vacío no fue ético, sino espiritual, y fue ocupado por una religión política totalitaria.

​La Gracia se convirtió en Progreso Histórico.

​La Fe se transformó en Lealtad Ideológica.

​La Libertad de Conciencia se volvió una carga. Según Erich Fromm, la "huida de la libertad" permitió al individuo fundirse en un "Nosotros" racial para evitar la angustia de la autonomía. Ante la situación el nacional socialismo no se presentó como una opresión, sino como una liberación de la responsabilidad individual. Al fundirse en el "Nosotros" la raza, el hombre alemán ya no tenía que elegir ni dudar; el destino de la sangre era elegido por él.

“La religión de la Reforma había liberado al hombre de la autoridad de la Iglesia y le había hecho sentirse solo frente a Dios... Pero esta libertad, al mismo tiempo que le daba independencia, le hacía sentirse aislado y lleno de una angustia que solo podía ser superada mediante la sumisión absoluta a un nuevo poder que le diera seguridad y sentido." (Fromm, Erich. 2006)

​Aún nos queda la duda de por qué la reforma en vez de traer paz, una ciudadanía plena en derechos y obligaciones, ciudades más prósperas en ética, con una revalorización de la alfabetización y la ciencia. 

Tal vez la respuesta está en el giro filosófico, donde la Verdad deja de ser una revelación divina para ser una construcción de la razón humana. Es el paso de la Gracia al Sistema.

​Esto se da porque, mientras la teología sostenía que el hombre tenía límites impuestos por Dios, la filosofía moderna (especialmente el idealismo alemán) empezó a sugerir que el hombre —o el Estado, en el caso de Hegel— era la máxima expresión de la razón en la historia.

​"Todos los conceptos significativos de la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados. Y ello no solo por su desarrollo histórico, en cuanto que fueron trasplantados de la teología a la teoría del Estado —pasando, por ejemplo, el Dios omnipotente a ser el legislador omnipotente—, sino también en su estructura sistemática, cuyo conocimiento es necesario para un análisis sociológico de estos conceptos.” ( Schmitt, Carl. 1922)

Por lo tanto, cuando Nietzsche anuncia que "Dios ha muerto", no está celebrando un triunfo científico, sino diagnosticando una catástrofe cultural. Si Dios muere, muere el fundamento de la moral y también el prójimo deja de existir como tal. Ya no hay un "Padre" común, por lo tanto, ya no hay "hermanos".

​La pérdida del prójimo es la instancia trascendente que deja de obligar a amar al otro por ser imagen de Dios, el otro queda reducido a su existencia material. Aquí es donde Nietzsche introduce el Superhombre y la Voluntad de Poder y con la idea de que la vida es una lucha de fuerzas donde el débil no tiene un derecho intrínseco a existir frente al fuerte, los campos de de concentración, el genocidio, la mentira, el fin sobre cualquier costo son sólo extensiones de ese pensamiento. 

Esto no lo hace a Nietzsche nazi, pero sí responsable del capital simbólico de sus propias ideas. Muchas veces se cree que los filósofos no tienen la culpa de cómo se usan sus argumentos. Mí opinión es diferente, algo que aprendimos acá en la lejanía del siglo XXI es la responsabilidad de las ideas y cómo se comunican. No somos responsables de lo que se interpreta pero en este caso el nihilismo como corriente filosófica que busca el desprendimiento de la moral y la ética judeocristiana, termina fomentando acciones sin moral y ética. 

Estoy totalmente seguro que Nietzsche no buscaba "fomentar acciones sin moral", sino crear una nueva moral (la transvaloración). El problema es que el vacío que dejó al "matar a Dios" fue mucho más fácil de llenar con odio que con la nobleza que él imaginaba. La responsabilidad radica en no haber previsto que el "hombre masa" no es un "superhombre", sino un ser asustado que usa el nihilismo para justificar la crueldad. Tal vez una lectura de La Biblia como documento sociológico, le hubiera dado cuenta de que pasa con un pueblo cuando le da la espalda a los valores.

Es por eso que ​el Nazismo sólo ocupa el vacío que ya existía en la sociedad alemana. El vacío dejado por Dios no fue ético, sino espiritual. El nazismo tomó la técnica de la filosofía, la estética del superhombre de Nietzsche y las vertió en un molde arcaico: la Raza.

La historia detrás de las excusas. 

Este trabajo cumple más los requisitos de una genealogía filosófica e histórica. Si tuviera que tener la rigurosidad de un ensayo crítico de historia, el siguiente trabajo debería cubrir cuatrocientos dieciséis años, que van desde la Reforma Protestante (1517) hasta el nazismo (1933). Entre esos eventos hay un proceso histórico rico y lleno de matices, que vamos a enumerar:

Ilustración

guerras de religión

absolutismo

Revolución Francesa

industrialización

Primera Guerra Mundial

crisis de Weimar

Pero para poder cumplir nuestra finalidad analizaremos solamente tres características que nos explican las causas históricas que responden a nuestras preguntas iniciales: La reforma protestante, el orden prusiano y el fallido imperialismo con su caída al término de la primera guerra mundial. 

Lo primero que debemos entender es que la reforma protestante no fue solo un evento espiritual; fue un evento de supervivencia política. Al romper con Roma, Lutero necesitó la protección de los príncipes alemanes. Esto selló un destino donde la Iglesia quedó bajo el ala del Estado y la gracia de Dios quedó atada al crecimiento y bienestar social.

​El Proceso de la libertad del "hombre interior" se pagó con la obediencia absoluta del "hombre exterior" al poder civil. La religión se convirtió en un asunto de Estado y en una cuestión política, con consecuencias sociales muy importantes, como la alfabetización masiva, y el avance de la ciencia.

 ​"Lutero transfirió la autoridad de la Iglesia al Estado; la conciencia individual, que se había liberado del Papa, terminó por someterse al Príncipe como tutor de la moral pública." (Skinner, Quentin. 1978)

Este tránsito de cuatro siglos no fue un salto al vacío, sino una lenta transferencia de lealtades. La obediencia que la Reforma depositó en el 'Príncipe' como tutor de la moral, terminó secularizándose en una obediencia ciega hacia el Estado moderno. Alemania vivió una modernización técnica acelerada, pero su 'digestión' política quedó a mitad de camino: el ciudadano nunca terminó de nacer, porque el 'Padre Estado' simplemente heredó el lugar de la autoridad divina. 

El segundo momento a analizar radica en la influencia del orden prusiano y su caída. El progreso convirtió al Dios Padre en el Padre Estado, pero recién 1871 Alemania logra su unificación. Luego, en sólo 30 años alcanza a ser una potencia industrial que asusta a Europa, pero llega tarde para ser una potencia colonialista, en un mundo donde todas las sillas de la mesa estaban ocupadas.

Esta modernidad exprés, generó una sociedad con una autoestima tecnológica altísima pero con una frustración geopolítica constante. El éxito económico se convirtió en la nueva religión, y la falta de colonias en una "herida de clase" nacional.

Entonces aparece el concepto de Espacio Vital (Lebensraum) que no nació con Hitler, sino con el geógrafo Friedrich Ratzel a finales del siglo XIX. Ratzel, influenciado por el darwinismo social, planteó que el Estado es un "organismo vivo" que necesita territorio para alimentarse y crecer.

Pero al llegar tarde al reparto de África y Asia, Alemania operó un giro ideológico peligroso: el colonialismo continental. Pero cuando el Padre Estado pierde la guerra y cae en la recesión, el alemán no solo pierde dinero, pierde su razón de ser.

Es aquí donde empieza ese vacío que se lleno de excusas y odio.

​"El Tratado de Versalles fue el punto de partida esencial para el ascenso del nazismo, no solo por sus duras condiciones económicas, sino por el inmenso trauma psicológico que infligió a la nación. Para la mayoría de los alemanes, no fue un tratado de paz, sino un Diktat (un mandato impuesto) que hería el orgullo nacional y desafiaba la lógica de su propia historia. Al declarar a Alemania como única responsable de la guerra y despojarla de su soberanía militar y territorial, Versalles creó un vacío de legitimidad que la República de Weimar nunca pudo llenar. En este clima de resentimiento y desesperación, la 'puñalada por la espalda' dejó de ser una teoría conspirativa para convertirse en una verdad emocional: la convicción de que la nación no había sido derrotada en el frente, sino traicionada desde dentro. Hitler no inventó este odio; simplemente le dio una voz y una dirección política.” ( Kershaw, Ian. 2004).

Tras la 1ª Guerra Mundial, el concepto de Lebensraum se convirtió en una excusa de supervivencia. Se argumentó que Alemania estaba "asfixiada" (Volk ohne Raum - Pueblo sin espacio). La crisis económica y la superpoblación se usaron para justificar que la expansión no era una agresión, sino una necesidad biológica natural.

De la Alemania nazi al presente 

La pregunta que atravesó este trabajo no fue simplemente histórica, sino profundamente humana: ¿cómo una sociedad que había puesto en el centro la responsabilidad individual ante Dios terminó entregando su conciencia a un Estado totalitario que se convirtió en sinónimo de los límites de la maldad humana?

Lo primero que debemos comprender es que el nazismo no generó el vacío, simplemente lo ocupó. La sociedad alemana, a partir de la Reforma Protestante, experimentó una renovación espiritual acompañada de avances técnicos, políticos y económicos fundamentales. Sin embargo, cuando estos valores se desprenden de su anclaje trascendente y se reducen a la técnica, a la moral procedimental o a estructuras ideológicas, quedan expuestos al fracaso.  

​Fue en ese punto donde Alemania se enfrentó no solo a una crisis moral, sino a una crisis de identidad. Tras siglos de construir un Estado que se pretendía ejemplar (el "Padre Estado"), el colapso económico y político de la Gran Guerra se transformó en una quiebra del ser. Como bien señala Ian Kershaw, Versalles no fue solo un tratado, sino un trauma psicológico que desafiaba la lógica de su propia historia.  

​Es precisamente ante estas crisis de identidad donde surgen los voceros del odio. Ideas que en tiempos de estabilidad serían descartadas, comienzan a sonar atractivas en medio de la desesperación. Bajo la "angustia de la autonomía" que describió Erich Fromm, las masas buscan soluciones rápidas y están dispuestas a sacrificar su libertad a cambio de una falsa seguridad. En la oscuridad de estos procesos, las poblaciones se vuelven manipulables.  

​La gran lección de este recorrido histórico es que no basta con alfabetizar y garantizar la educación; es imperativo darle un sentido ético y espiritual a esa formación. Como advertía la Escuela de Frankfurt, la técnica sin propósito es ciega y peligrosa. Ese sentido debe estar anclado sobre una "roca" de convicciones profundas; de lo contrario, ante la próxima crisis, las sociedades volverán a sacrificar a los más débiles para intentar sobrevivir. 

Este trabajo no agota la totalidad de explicaciones, pero con seguridad responde a una pregunta implícita ¿Puede volver el fascismo? Sí, porque las condiciones humanas que lo hicieron posible siguen existiendo como sucedió en Alemania. Los medios de comunicación, las redes sociales canalizan el descontento de las masas y lo llevan hacia ideas cargadas de posverdad, convenciendo a una población mundial altamente alfabetizada a salidas, sin ninguna base moral ni ética y ese es el caldo de cultivo para que los monstruos lleguen al poder, algo que ya pasó. 



 


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