Toy Story 3 y ¿Cómo enfrentamos los traumas en una época de puro consumo?
Escrito por Rubén Felix Galvano
Todos recordamos la escena del basurero en Toy Story 3. Los juguetes agarrados de la mano enfrentando el final de la existencia. De hecho, es una película que, aún siendo infantil, para todos los públicos, tiene capas profundas que permiten un análisis desde una lectura socio-cultural, como desde la psicología y el apego en el siglo XXI.
Aunque también se puede ver simplemente como entretenimiento, hay elementos narrativos potentes.
El primero es la despedida de la infancia y el paso del tiempo, que aborda la nostalgia con el inevitable cambio cuando Andy crece, y deja atrás sus amados juguetes, simbolizando el abandono de las cosas que fueron importantes en partes de nuestra vida.
Una situación más que repetitiva en nuestras vidas de consumidores, ya que la pasamos ampliando nuestros bienes sin ningún otro sentido que consumir. Dejamos atrás lo viejo por lo nuevo: ropa, autos, series, relaciones y personas.
Esto nos hace pensar en la impermanencia de los vínculos y el sentido de pertenencia tanto a la sociedad, como a los grupos familiares, sociales y laborales.
Los juguetes luchan por sentirse amados y útiles, lo que puede leerse como metáfora de nuestra propia lucha por el reconocimiento y el miedo al rechazo o al olvido, algo que todos viviremos. Si somos sinceros, pocas biografías resisten el pasar de la historia.
Por eso la memoria de nuestros seres queridos y el fruto de nuestras obras, son el verdadero valor. Por eso es un error actual a veces dejar pasar el tiempo sin generar vínculos íntimos sanos y duraderos; que si no se logran, esas vidas terminan comprando un plazo fijo en una vejez en soledad.
También debemos pensar que muchos de nosotros hemos corrido por cosas lícitas, invertido tiempo en carreras, casas, autos, cierto bienestar, que no reemplaza los vínculos afectivos. Recordemos que el tiempo no perdona nuestras decisiones.
El soltar las cosas viejas y aceptar las nuevas, las diferencias entre Andy y Woody con respecto al duelo.
La voluntad de Andy de donar sus juguetes en lugar de desecharlos habla de aceptar ciclos y soltar lo que ya no pertenece a nuestra etapa actual. Esto también es sano, no sólo armar vínculos, sino desechar aquellos que no son sanos, como también aceptar aquellos que son temporales.
Este mensaje es el núcleo más incómodo y más adulto de Toy Story 3. Ahí hay un mensaje demasiado fuerte, es otra arista, más ética y más política incluso.
Woody no es solo “el bueno” no es únicamente el que ama a Andy, pero es el que no acepta el fin de la nueva etapa, convirtiéndose en el antagonista principal de sus compañeros.
Andy ya creció y su vínculo ya cambió ( algo que tenemos que aceptar como padres, hijos, amigos, familiares y personas). El sentido anterior ya no existe, ahora existe otro, no es mejor, ni peor, es distinto.
Pero Woody se aferra e insiste, negando la pérdida y con esto arrastra al grupo a sostener una ficción. Esto no es lealtad pura; es nostalgia convertida en mandato. Porque uno de los grandes errores que podemos cometer ante eventos traumáticos, o emocionales es: Arrastrar a otros a un mundo que ya no existe.
Woody no entiende que no solo sufre él, pero al no ver el dolor de los demás por estar muy centrado en su propio duelo, impide que los demás elaboren el suyo exigiendo que su vivencia y visión de lo sucedido sea la historia oficial, algo que no existe en la vivencias sociales ante eventos traumáticos.
Eso también se ve en política en líderes que no aceptan el cambio de época, instituciones que sobreviven sólo por inercia, adultos que obligan a otros a vivir “como antes”, relatos de éxito que ya no funcionan pero se siguen imponiendo.
El problema no es amar el pasado o recordarlo. El problema es exigir que otros vivan en él. No existen vivencias grupales desde una sola mirada.
Poder y control (Lotso como figura simbólica)
El antagonista del filme, Lotso, representa la traición a la confianza y cómo el poder puede corromper vínculos afectivos —una lectura que puede extenderse a cuestiones sociales más amplias.
Desde políticos que traicionan a sus votantes, líderes que estafan a sus seguidores, gurús religiosos y políticos, como influencers que emulan una vida imaginaria vendiendo soluciones que no existen.
El poder, el dinero, el estatus son situaciones que prueban la confianza en las relaciones y prueban el contenido de nuestras relaciones.
Crítica al consumo
La saga, producto de un enorme flujo comercial de juguetes, franquicias y mercadería. Como toda franquicia se puede analizar desde como nuestra sociedad mercantiliza todo lo que funciona: desde afectos y recuerdos hasta las biblias con la tapa del color que nos gustan.
El soltar de Andy a los juguetes nos obligan a enfrentar algo simple y casi eterno: el paso del tiempo y como debemos renunciar activamente a algo que ya no es nuestro, como al no poder buscamos sentidos nuevos, en el consumo, control y apego a cosas que aunque sean nuestras, no nos pertenecen, porque somos finitos en un ciclo Infinito.
La historia muestra que el valor no está en la acumulación (“tener todo”, productos o éxitos) sino en la relación y significado que damos a las cosas. Los niños poseen pocos juguetes y son valiosos por las historias que construyen, más por el uso que le da el fabricante y el mismo mercado.
Toy Story 3 es una película con enorme impacto emocional que habla de cambio, memoria y afecto. Nos hace plantearnos una pregunta ¿cómo manejamos los traumas afectivos en ésta época de consumismo?
El mercado de juguetes no es una metáfora del valor que la sociedad le da a las cosas (y a las personas). Es una visión realista de cómo funciona nuestra sociedad, creando juguetes más nuevos, distintas colecciones, como si uno pudiera satisfacer la soledad, la amistad, el amor y la alegría solo consumiendo.
La renuncia o la acumulación aparecen en el conflicto de Andy, quien, al final deja ir lo que ama; aunque busca como miembro de la sociedad solo acumular —y eso no siempre trae satisfacción. Al final toma la mejor decisión seguir adelante.
Esto no significa olvidar, sino aceptar que somos seres finitos, con objetos finitos, en relaciones temporales, donde el miedo al rechazo y a la pérdida muchas veces no hacen olvidar de que lo hermoso se termina; ahí radica su belleza.
Los juguetes buscan ser útiles, amados; ¿no hacemos lo mismo con nuestros logros, redes sociales, apariencias? También los juguetes tratan de seguir siendo útiles, resignificando su sentido de pertenencia. ¿Cómo seguir ante el caos de este mundo? Algo que todos a medida que envejecemos debemos pensar y aceptar.
Muy buena reflexión! Para seguir pensando modos en lo q no caigamos en consumismo
ResponderEliminar