Saskia Sassen y la esperanza del migrante

 


Por Rubén Felix Galvano 

El ser humano siempre migró de un lugar a otro, en la edad de piedra: cazando y recolectando. También en la actualidad buscando esperanza en lugares con mejores niveles de vida. Sea la economía, la guerra, el clima o la suerte, el migrante es cincuenta por ciento melancolía y cincuenta por ciento esperanza. Como cada explorador, que trazando un rumbo salió para ser más libre o más rico en un lugar más grande, más cálido, más lleno de eso que se esté buscando.

 Todas las migraciones tienen un componente histórico, una coyuntura que si no hubiera existido, la migración no se daría. La tan reconocida “Causa”. Por ejemplo: las migraciones bárbaras durante el siglo IV - VI d.c. se explica por la llegada del pueblo de los Hunos hacia el territorio de la actual Ucrania y la expulsión de las tribus germánicas y eslavas hacía el oeste y sur de Europa. 

Las migraciones europeas hacía América a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Se explican desde una perspectiva económica, como consecuencia de la revolución industrial que destruyó las economías agrarias en casi toda Europa. También existió una política migratoria de los estados Américanos. Aunque si hablamos de mediados del siglo XX, las causas se arraigan al período entre guerras.

Por lo tanto existen condiciones generales y causas particulares detrás de una migración. El labor de los investigadores sociales es explicar las coyunturas generales, porque las causas individuales más allá de la esperanza, no podemos teorizar sobre las mismas; porque por más extenso o complejo que sea el análisis, nunca podremos explicar "lo individual" de una manera que satisfaga a todos. 


¿Por qué migran los migrantes?


Saskia Sassen es una socióloga argentina muy reconocida por sus estudios sobre la globalización y las migraciones. Ella explica que las personas no migran solo por decisión personal. Desde la desregulación económica y la desterritorialización la autora nos explica que las migraciones son productos estructurales del sistema económico global. ¿Qué quiere decir ésto? Cada país se inserta al mercado mundial pero no de la misma forma, ya que algunos desarrollaron un sistema productivo industrial e internacional mucho antes que otros. Esto genera países desarrollados y países en desarrollo o subdesarrollados. ¿Cómo Medimos el desarrollo? Con tres indicadores:

PBI per cápita: Es el valor total de los bienes y servicios que produce un país dividido por la cantidad de habitantes. Sirve para estimar el nivel promedio de riqueza disponible por persona, aunque no muestra cómo se distribuye.

Índice de matriculación escolar: Indica qué porcentaje de la población en edad escolar está efectivamente asistiendo a una institución educativa. Refleja el acceso real a la educación y las posibilidades de desarrollo futuro.

Esperanza de vida: Es el promedio de años que se espera que viva una persona según las condiciones de salud y bienestar del país. Cuanto más alta es, mejor suele ser la calidad de vida de la población.

Entonces como en el mercado económico no todos los países ingresaron de la misma manera, ni al mismo tiempo, la relación es desigual. Uno no puede competir en precio y calidad, en iguales condiciones con todos los países. El costo de vida y los salarios, leyes laborales, protección de los Estados, tecnología acumulada, aranceles y costos del transporte y muchas cosas más. 

Por lo tanto, esa relación desigual genera las migraciones en el siglo XXI, que históricamente empieza con la caída del muro de Berlín. 

Para Sassen las políticas económicas de los países centrales (G7) provocan transformaciones en los territorios periféricos que fuerzan a las personas a desplazarse aunque existan más barreras para ellas que para el dinero e inversión. ( Sassen, La ciudad global 1991)

Uno podría decir que la violencia o la pobreza es la causa de muchas migraciones, pero ¿Quiénes están detrás de las políticas que generan esas condiciones? La autora argentina dice que los países desarrollados generan las condiciones de pobreza y violencia que empujan a emigrar. (Sassen, Expulsión: brutalidad y complejidad en la economía global, 2004)

En geografía este fenómeno lo conocemos como la destrucción creativa, termino acuñado por el geógrafo David Harvey, es el proceso por el cual el capitalismo se renueva destruyendo territorios, empleos, formas de vida y estructuras sociales para crear otras nuevas que le permitan seguir acumulando capital. Cada crisis económica funciona como una oportunidad para “limpiar el terreno” y abrir espacio a inversiones, negocios y modelos urbanos más rentables, aunque esto implique expulsiones, endeudamiento y mayor desigualdad.

En América latina se da un fenómeno llamado la fuga de cerebros, una geografía de la oportunidad, donde trabajadores con grandes estudios e inventiva, buscan mejores salarios. Pero en realidad la fragilidad institucional, la falta de inversiones, y las condiciones económicas de los países son el resultado de políticas a nivel mundial que permiten una coyuntura apropiada para la migración. La mayoría de las personas no se irían de sus países, si pudieran elegir en igualdad de condiciones. 

Podemos decir que las democracias subsidiadas de América latina han fracasado al insertarse en la globalización, ya que él mercado necesita países agroexportadores y menos naves espaciales o doctores en física nuclear. Por lo tanto se incentiva desde los países desarrollados un proyecto económico y político que no incluya a todos. ( Galvano, las democracias subsidiadas de América latina, 2025) 

Entonces la migración aparece como una solución a la ausencia de un Estado que pueda acompañar los proyectos, esperanzas y sueños de las personas. Por lo tanto los miles de dólares invertidos en educación y salud son licuados hacia países extranjeros como capital humano e intelectual sin haber invertido un centavo.

Los países desarrollados, son receptores de migrantes porque en su mayoría poseen una baja natalidad( cantidad de nacimientos) y una población envejecida ( más adultos y ancianos que jóvenes y niños) por lo tanto para garantizar la cantidad de fuerza de trabajo, en actividades de servicio, capacidad intelectual y cuidado e higiene, se necesita de migrantes.

Por lo tanto, la moneda de cambio más importante es la vulnerabilidad humana, una inversión que siempre da ganancias.

 Los países en desarrollo o subdesarrollados terminan viviendo una paradoja. Son soberanos de su territorio pero no de la explotación de sus recursos, de sus monedas pero no de su economía, son garantes de la ciudadanía pero no de los derechos de sus ciudadanos. Países que sacrifican su autonomía económica por el bienestar que parece nunca llegar, como un atleta que busca llegar a la meta en una cinta para correr. Un bienestar que sólo es para un grupo de países que no ocupan el 10 % de la población y acumula el 90% de las riquezas. 

Un mundo globalizado donde todos tenemos derechos, pero no los mismos. Un mundo donde el bienestar, la cohesión social y la estabilidad se paga con la imposibilidad de muchas personas de vivir donde nacieron. 

Según la interpretación del pensamiento de Saskia Sassen, los flujos migratorios actuales no son caóticos ni espontáneos, sino que responden a la lógica de una economía global que genera canales, muchas veces invisibles, para incorporar fuerza de trabajo desprotegido

Por lo tanto, volviendo a nuestra tesis inicial existen multitud de causas personales para migrar, tantas como migrantes. Pero la coyuntura histórica es la causa de ese cincuenta cincuenta. La causa de la ecuación esperanza y melancolía. Los migrantes personas que muchas veces han vivido una ciudadanía a medias, han perdido su soberanía, y han armado alas de papel, como barriletes son hermosos pero si llueve no pueden volar más. Un migrante es una persona vulnerable, una comodity humana en la economía mundial. 






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