¿El Mal es Solo Humano? Psicología, Sociología e historia responden la Pregunta ineludible del Diablo
Escrito por Rubén Felix Galvano
La pregunta “¿existe el diablo?” parece, a primera vista, un asunto confinado al ámbito de la religión. Sin embargo, cuando observamos la crónica humana—la violencia incesante, las guerras frías y calientes, la crueldad cotidiana y los actos que desbordan cualquier explicación racional generando silencios en nuestra manera de ver el mundo—, ese interrogante se vuelve un grito, un nudo en el estómago.
¿De dónde nace la maldad? ¿Es solo biología, es solo sociedad, es solo historia? ¿O hay algo más profundo que opera desde las sombras, un entramado entre lo que es puramente humano, lo estructural y lo espiritual?
Este artículo no busca cerrar un misterio milenario, sino explorar el fenómeno del mal desde diversas disciplinas. Nuestro objetivo es mostrar por qué, para la fe cristiana, la Biblia nos afirma que existe una fuente personal de maldad, pero al mismo tiempo y con mucha más fuerza, una fuente mayor e inagotable de amor y redención; porque detrás de la pregunta de la existencia del diablo, también se esconde de manera dialéctica las dudas sobre la existencia de Dios.
1. La Sombra Humana: El Mal Visto por la Psicología
La psicología ha sido la primera disciplina en buscar al mal dentro de nosotros.
● Freud ubicó el conflicto en el ello: impulsos primarios y oscuros que, sin el control de la conciencia, pueden conducir a la destrucción.
● Jung profundizó con el concepto de la sombra: esa parte reprimida de nuestra psique que, si no es integrada y reconocida, emerge como agresión o crueldad hacia el exterior.
● Las teorías del trauma explican cómo el dolor no procesado se transforma en un ciclo de daño que se irradia hacia otros.
● La psicología social ha demostrado que personas ordinarias pueden cometer actos terribles bajo la presión del grupo, la obediencia ciega o, más peligrosamente, la deshumanización del otro (como demostraron los estudios de Milgram y Zimbardo).
Desde esta mirada, la maldad existe, pero su origen es interno y patológico: reside en nuestras heridas, nuestras sombras y nuestra capacidad de anular al prójimo.
Pero la pregunta persiste: Ante el sadismo inexplicable, las atrocidades masivas y la violencia fría que muestran algunos individuos que excede la lógica individual ¿Podemos solo argumentar que es solo una patología? La psicología parece quedarse en silencio. La pregunta se muda de piel: si el mal no es solo individual, ¿es colectivo?
2. Estructuras del Daño: El Mal Visto por la Sociología
La sociología nos enseña que la maldad no es únicamente una decisión personal, sino que se construye, se replica y se normaliza de forma colectiva.
● Hablamos de sistemas económicos que excluyen, empobrecen y hambrientan a millones, acumulando un cúmulo de dinero imposible de gastar en diez vidas.
● Hablamos de Estados que utilizan la violencia, la mentira y la opresión como herramientas políticas.
● Hablamos de racismos, odios y xenofobias que se transmiten como un legado tóxico, de generación en generación.
● Hablamos de mercados ilegales —como la trata de personas— que convierten vidas humanas en mercancías frías.
Desde esta óptica, el mal es estructural: no lo inventa un solo individuo, sino que se institucionaliza y reproduce en leyes, culturas y sistemas.
Pero el interrogante regresa con fuerza: ¿Por qué los seres humanos insisten en crear y sostener estructuras que garantizan tanto daño y sufrimiento? ¿Quién inspira al arquitecto de estas estructuras? ¿Por qué la crueldad es tan metódica, tan persistente, y por qué algunos parecen disfrutar de la destrucción que no les beneficia?
3. Un Patrón Universal: El Mal Visto por la Historia
La historia es la disciplina más incómoda: nos obliga a confrontar el hecho de que todas las sociedades, en todos los tiempos y en todos los lugares, han experimentado manifestaciones extremas de maldad.
● Imperios que arrasaron civilizaciones enteras.
● Genocidios sistemáticos diseñados con frialdad.
● La institucionalización de la esclavitud.
● Torturas organizadas como política de Estado.
La geografía humana es clara: la maldad no es un accidente cultural o un error de un sistema económico específico. Es un patrón universal, una sombra itinerante que se disfraza con los ropajes de cada época, pero que se manifiesta con la misma violencia y creatividad destructiva, una moneda de cambio constante, el verdadero motor de la historia pareciera la destrucción y la injusticia de una raza humana que ha perdí algo.
Aquí surge una intuición radical: Si la maldad fuera solo social, psicológica o histórica, ¿por qué aparece con patrones tan idénticos a lo largo de los milenios? Su persistencia nos habla de una raíz que trasciende el tiempo y el lugar.
4. La Explicación Espiritual: El Mal Visto por la Biblia
La Biblia, en lugar de evadir la pregunta, afirma directamente la existencia del diablo. Pero no lo presenta como un ser folclórico con cuernos, sino como una inteligencia espiritual real cuyo objetivo primordial es destruir, dividir y deformar la obra de Dios en la Creación y en el ser humano.
● Jesús lo llama “homicida desde el principio” (Juan 8:44), señalando su origen en la mentira y la destrucción.
● Pablo lo describe como “el príncipe de este mundo”, una fuerza que opera principalmente a través del engaño y la desconfianza.
● El Génesis lo muestra introduciendo la duda y la desconfianza entre el ser humano y su creador, rompiendo la primera relación.
● El Apocalipsis lo muestra como la fuerza final que será definitivamente derrotada por el poder de Cristo.
● Desde esta perspectiva, la maldad no surge sólo del ser humano ni de las estructuras; hay una dimensión espiritual activa y destructiva.
Aunque Pablo lo describe como 'el príncipe de este mundo,' la fe bíblica enseña que su poder es siempre limitado y está subordinado a la soberanía de Dios, operando únicamente dentro de los confines que Dios mismo permite (como se ilustra en el libro de Job). Su existencia, entonces, no es un signo de la debilidad de Dios, sino parte del drama de la libertad humana y el plan divino de redención.
Pero la fe cristiana no se detiene en la oscuridad. Si existe una fuente de maldad, también existe una fuente infinita y mayor de bondad, que es Jesucristo. Él es aquel que vino a deshacer las obras del maligno, a restaurar lo quebrado, a liberar lo oprimido y a sanar lo que parecía irrecuperable. El mal existe, sí. Pero la Redención es más fuerte.
Conclusión: Si hay Oscuridad, También hay Luz
La Biblia enseña que la raíz principal de la tentación está en el corazón humano. Textos como Santiago 1:14-15 y Marcos 7:21-23 afirman que “cada uno es tentado por sus propios deseos”, mostrando que las inclinaciones internas —orgullo, ira, codicia, lujuria— generan la mayor parte de las tentaciones incluso sin intervención externa. La naturaleza humana caída es suficiente para que surja el mal desde adentro.
Sin embargo, la Biblia también afirma que el diablo tienta, como se ve en Mateo 4 y 1 Pedro 5:8, pero su rol no es crear el mal, sino aprovechar, exagerar o distorsionar los deseos que ya existen en nosotros. Satanás actúa como un adversario que amplifica la tentación, pero no puede obligar ni generar deseos nuevos. En síntesis, la tentación nace en el corazón y el diablo la utiliza como estrategia para desviarnos del propósito de Dios.
Creer en el diablo no significa rechazar las valiosas contribuciones de la psicología, la sociología o la historia. Por el contrario, implica un reconocimiento de la humildad:
● La psicología nos explica el porqué de la sombra de nuestra mente.
● La sociología nos explica las estructuras de daño que hemos creado.
● La historia nos explica los ciclos de crueldad construidos bajo diferentes momentos de acumulación y poder.
● Pero la Biblia nos explica la raíz espiritual.
Si la maldad fuese puramente humana, bastaría la educación, el progreso o mejores leyes para eliminarla. La persistencia de la crueldad demuestra que no es así.
Si la maldad tiene una dimensión espiritual, entonces nuestra esperanza y la solución también deben tenerla. El mal no es un accidente, un instinto o un defecto evolutivo. Es una fuerza que busca la aniquilación de todo lo que Dios ama peto también es una elección.
Podemos explicar la maldad desde distintos enfoques: la elección humana de priorizar nuestros deseos e impulsos, que la psicología describe como pulsiones o desórdenes; los procesos históricos de dominación y ambición que buscaron riquezas y territorios; o los condicionamientos sociales que, según la sociología, moldean conductas a través de hábitos y estructuras culturales. Cada disciplina aporta una parte del rompecabezas para comprender cómo surge y se reproduce el mal en la experiencia humana que necesita arrepentimiento.
Sin embargo, aun con todas esas influencias, la libertad humana sigue siendo decisiva: siempre hubo personas que, frente a las mismas pulsiones, presiones sociales o contextos históricos, eligieron decir que no. Y esa capacidad de resistir —sea desde la ética, la conciencia, la fe o la voluntad— muestra que la maldad nunca es solo producto del entorno, sino también de nuestras decisiones.
Y Cristo aparece justamente como la respuesta, el "no" definitivo a esa fuerza: la victoria sobre el mal no llega desde más violencia, sino desde la fuerza suprema del Amor y el Sacrificio.
Entonces, ¿existe el diablo? La experiencia humana pareciera decirlo con todas sus tragedias. La Biblia lo afirma. Y la fe cristiana agrega el mensaje final: existe, pero no tiene la última palabra.
Porque al final el Señorío es sólo de uno…
"Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre.” Filipenses 2:9-11 RVC
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