Nuestra pobre manera de ver

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  Cómo nos engañan nuestros sentidos  Escrito por Rubén Felix Galvano  Una de las cosas que siempre me asombra es la observación de los fenómenos naturales. Por ejemplo, el otro día Venus estaba muy cerca de la Luna. Lo extraño de todo esto es la percepción que tenemos de dicho fenómeno. Desde la enorme distancia a la que nos encontramos, nos parece que ambos cuerpos están próximos entre sí, pero la realidad es que se encuentran muy lejos el uno del otro. Si lo representamos a escala, sería como la distancia que existe entre mi casa en Villa Bosch y la Costanera, o entre la Casa Rosada y Laferrere. Otro de los fenómenos que me gusta observar son las estrellas cuando titilan. Cuando uno va al campo y contempla el cielo nocturno, puede ver que algunas parecen parpadear. Ese efecto no se produce en las estrellas, sino en la atmósfera terrestre, que altera la luz antes de que llegue a nuestros ojos. Sin embargo, lo verdaderamente asombroso es pensar que la luz de muchas de es...

Pochoclero: el ser y la emoción

 


Escrito por Rubén Felix Galvano 

Cuando era niño pensé que ser pochoclero era lo mejor. Aquello por lo que otros niños debían pagar, en mi vida era gratis.

Cuando crecí, lo miré como un estigma: “un trabajo de pobre”. Estudié para no serlo más.

Pero cuando ya de adulto atravesé problemas económicos, el carrito de pochoclo volvió a estar ahí. Y lo amé.


En la vida hay tiempo para todo. A veces miramos desde la emoción y nos ponemos contentos sin ninguna razón; otras veces razonamos y resolvemos sin emocionarnos. Cuando somos jóvenes vemos como jóvenes; cuando somos adultos, aunque veamos menos, observamos más.


¿Cómo puede un objeto ser bendición y maldición?

De ninguna manera: el corazón es la fuente.

El agradecido, aun cuando se moja, siente frescura; el que no agradece, ni la carne gratis le alcanza.

De niño creía que ser pochoclero era genial. De adulto entiendo que es hermoso ver la misericordia de Dios en la humildad de un simple carrito de pochoclo. Porque “El Señor es mi pastor; nada me faltará.”  Salmo 23:1


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