La espada y el sol de Sudamérica Simón Bolívar “El Libertador”
Escrito por Rubén Felix Galvano
El 24 de julio es el aniversario del nacimiento de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios, o como lo conocemos, Simón Bolívar “El Libertador”. Lideró las campañas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia. Tuvo una relación compleja con San Martín y, habiendo jurado en el Monte Sacro, en Roma: “No daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.
Tenemos a una figura intrigante, con muchos matices.
Lo primero que hay que saber es que era el hijo mayor de una familia acaudalada, que mandó a su hijo a estudiar a Europa. Luego de cinco años de vivir allí, en Madrid se casó con María Teresa del Toro, la musa de esta historia, ya que al fallecer ocho meses después del matrimonio —luego de dos años de noviazgo— Simón quedó devastado.
Luego hizo lo que todo hombre que pierde al amor de su vida hace: salió en una búsqueda espiritual. Se fue a Europa, buscando respuestas o recuerdos de su amor, no lo sabemos. Pero sí sabemos que asistió a la coronación de Napoleón Bonaparte y, al ver el desorden de Europa, hizo una promesa.
Luego vinieron los éxitos y los fracasos. En 1810 liberaría a Venezuela, pero al no poder sostenerse la república tuvo que exiliarse, buscar ayuda en Cartagena de Indias, en la actual Colombia, rearmar el ejército y empezar “La Campaña Admirable”. Pero de vuelta llegaron los refuerzos de España y los conflictos internos.
Luego vino otra vez el exilio, al mejor estilo de “Don Rodrigo Díaz, El adelantado”. Buscó ayuda en el Caribe inglés, después llegó a Haití y empezaron las victorias: primero en mar, luego en tierra. Así, en 1821 por fin creó una nueva nación. Obviamente, antes dejó una de las definiciones más acertadas de lo que significa gobernar:
“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política”.
Luego vinieron las constituciones, las idas y vueltas con San Martín, los premios, los reconocimientos, las copas y un país con su nombre. Volvió el amor, los hijos y luego la muerte.
En su vida política siempre tuvo la preocupación de que, sin el control de un organismo americano, los países no durarían en el tiempo y caerían en la anarquía.
No sé qué pensaría Bolívar ahora de su querida Venezuela, tampoco sé si todos los que proclaman hoy su nombre están dispuestos a sacrificar tanto como él, pero sí sé que gracias a personas como Simón Bolívar, que tienen el apodo de “Libertadores”, existe para muchos de nosotros un lugar llamado patria.
“Bolívar fue un líder excepcional: visionario en su pensamiento, pero siempre enfrentado a la dura realidad de sociedades fragmentadas que no estaban listas para su sueño” (Lynch, 2006, Simón Bolívar: A life. Yale University Press.)
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