El fútbol argentino y la búsqueda de héroes
Escrito por Rubén Felix Galvano
El fútbol para los argentinos no es solo un deporte, es un rincón de nuestra identidad. Es el depósito social de alegrías, sueños. A través del fútbol la mayoría obtiene lo que los políticos y la vida no nos dio.
Por lo tanto cada victoria, está cargada con algo más que ganar, es el ideal de heroísmo que se debe cumplir con la victoria. Nuestras leyendas no pelearon contra dragones y monstruos indescifrables, gambetearon adversarios, salieron del barro y son parte de nuestra identidad.
Dentro de ese selecto grupo de héroes modernos, hay tres que sobresalen y representan diferentes maneras de triunfar: nuestros técnicos campeones del Mundo.
El primero fue César Luis Menotti, “El Flaco”, mediocampista santafesino, que jugó en Rosario Central, que fue compañero de Pelé en Brasil.
El Menottismo como filosofía futbolística cree que un equipo debe ser vistoso, se juega bien y con garra. El ejemplo máximo es Kempes en el gol contra Holanda en la final del mundial, entró gambeteando y a las patadas. No era solo ganar, hay que ganar bien.
Aún así el mundial del 78 quedó inevitablemente asociado al contexto de la dictadura militar.
Johan Cruyff, el mejor jugador del mundo en esa época, no quiso participar con su selección debido a que un gobierno de facto organizó un mundial. Luego en la fase de grupos el partido contra Perú fue polémico por la cantidad de goles y la actitud de los futbolistas.
Entonces tenemos una tragedia típica de Argentina, el idealista que buscaba ganar bien, se encontró con un contexto social, político e histórico que superó y manchó la estética de la proeza; como con Belgrano, San Martín y Güemes.
Carlos Salvador Bilardo, “El Narigón”, fue mediocampista de San Lorenzo y Estudiantes de La Plata. El Bilardismo creía en que se debía ganar a toda costa, jugando en la cancha, pero si el equipo no era vistoso, no importa va. Como técnico llegó dos veces a una final del mundo en el 86 y el 90. Con un Maradona como pilar del equipo argentino. Bilardo dirigió a uno de los mejores jugadores del mundo y de la historia del fútbol. El Diego hacía el fútbol vistoso y con garra, pero lo importante era ganar.
Pero la mano en el gol contra los ingleses, fue vista como una antítesis futbolera, se le robó a los ladrones, a los usurpadores de Malvinas, un acto de justicia o una venganza poética, que nos plantea la pregunta ¿vale todo para ganar?
En esta historia vemos otra característica de la Argentina, de los próceres y caudillos, veneramos sus logros y olvidamos sus miserias. Justificamos lo inadmisible, y los dejamos de ver como humanos.
Maradona fue una expresión argentina, todos conocen al Diego, trascendió fronteras, pero sus miserias acompañaron su vida, una epopeya con un final solitario, vivió rodeado de personas y murió solo.
Luego de Maradona vinieron un montón de jugadores y técnicos increíbles pero ninguno pudo volver a jugar una final.
Desde Ortega hasta Riquelme, los mundiales de las selecciones juveniles con Pekerman, las locuras de Bielsa, y la potencia de Tévez y otros grandes jugadores que nos representaron con dignidad, pero el que rompió el esquema fue Lionel Messi.
Llegó Messi un chico de Rosario que vivió en España, de la cantera del Barcelona y la escuela de Cruyff.
Un chico muy distinto a nuestro héroe Maradona. Una sola esposa, educado, no se mete en problemas y será por eso que la sociedad argentina lo criticaba. Su tragedia era que ganaba todo menos con la selección, por lo tanto su modestia se relacionó con falta de carisma.
La eterna comparación con su antecesor, el transgresor y políticamente incorrecto Diego duró hasta el mundial del 2022. Cuando ya nadie creía que luego de 3 mundiales, alguien podía guiar a la Argentina de Messi a ganar, apareció “El Leónidas de Pujato” Lionel Scaloni. Sin mucha experiencia pero con un proyecto logró el tercer mundial y coronó a Messi como el mejor jugador de la historia, rompiendo todos los récords excepto el del jugador con más goles.
Pero en una sociedad tan política como la Argentina, el no querer tomar posición con líderes, ni partidos políticos, puso en juego su filosofía: trabajar en silencio y ver los frutos del esfuerzo, como si eso no alcanzara.
Porque como el ganar lo justifica todo de Bilardo tenía una relación simbiótica con Maradona.
El trabajar en silencio con un proyecto estructurado era el lugar que necesitaba Lionel para triunfar en la selección.
Aún así Argentina los condenó por no enfrentar a la política, no jugar en su país, no cantar el himno, no insultar periodistas, relacionarse con la FIFA, y no ser lo que nosotros. ¿Cómo nuestros héroes no van a ser lo que queremos, si son el único espejo donde todavía nos reconocemos?
Entonces ¿Por qué ganar en el fútbol es más importante que el triunfo político?. Creo que la relación de los argentinos con la política podría parecerse a un matrimonio fallido. La confianza se perdió hace tiempo, no nos entendemos, y se perdió la confianza en las palabras del otro. Por lo tanto resolver los problemas se ve cada vez más lejos.
Pero nuestro fútbol, conserva todavía la expectativa emocional y la magia del primer amor. El ritual del partido, la familia, los amigos, en ese espacio hay unidad, no importa la economía, la minería, ni lo que opinás sobre educación. Aparecen los recuerdos de la infancia, el potrero, tus amigos, y nos damos cuenta que todos fuimos felices cuando hubo una pelota y un argentino intentó vencer.
Entonces la derrota deportiva puede doler más, que muchos fracasos políticos. No es que el fútbol sea objetivamente más importante, sino que es el depósito de los sueños, esperanzas y deseos de una sociedad dividida por la historia. Un lugar donde los abuelos y bisabuelos inmigrantes fundaron clubes para extrañar menos a su patria que dejaron atrás.
El político es un ser raro, no parece argentino, nos sacan lágrimas y enojos. Dicen representar a la nación pero gobiernan como extranjeros. Pero el futbolista tomó los mismos trenes y colectivos, comió el mismo guiso recalentado, tomó tragos en jarra, mate con la familia y lloró de hambre y desamor.
El fútbol argentino está cruzado por la tragedia heroica, con antinomias y luchas tan absurdas como terribles que ni siquiera el filósofo y poeta más valiente imaginó. Pero aún así ponete contento porque hoy juegan nuestros próceres, hoy juega la selección.
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