Cómo se arma la información falsa: el caso del fútbol brasileño

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  Por Rubén Félix Galvano Introducción En trabajos anteriores planteé que el conocimiento humano depende de un acuerdo colectivo: confiamos en que existen los trillizos, los osos polares o Europa aunque no los hayamos visto, porque la experiencia acumulada de otros nos alcanza como evidencia. Ese mismo mecanismo, cuando se cierra sobre sí mismo y deja de dialogar con el mundo externo, produce el fenómeno inverso: la posverdad, el negacionismo, la secta y las noticias falsas. En "El cuerpo como objeto de consumo en la cultura global" señalé, siguiendo a Bourdieu, Baudrillard y Byung-Chul Han, cómo las redes sociales premian la performance, el estereotipo y la simulación por encima de la reflexión. Quiero cruzar ambos textos para mostrar, con un ejemplo concreto que circuló hace poco —el argumento de que el evangelismo es responsable del declive futbolístico de Brasil—, cómo se arma efectivamente la información en redes: no por acumulación de evidencia, sino por tres operacione...

Cielos de ciudad y alas de papel

 


Lo que perdimos y lo que aún permanece 

Escrito por Rubén Felix Galvano 

No sé si se han dado cuenta de que, mientras más luminosas se volvieron las ciudades, se empezaron a ver menos las estrellas. Un costo para mejorar el confort y la seguridad, pero para mí, demasiado elevado. Recuerdo de niño buscar en las estrellas alguna señal, algo distinto, una guía, y hoy levanto la vista durante la noche y, aunque sea un simple espectador de la creación y su majestad, no puedo apreciar nada.

Me pasa lo mismo con las cometas o barriletes: antes había cinco a diez en cada plaza y hoy casi no existen. Recuerdo cuando uno se cortó y el viento se lo llevó. Pensé, con esa imaginación de niño, si habría llegado al mar, si lo habría cruzado, si habría caído en manos de otro niño solitario. Hoy, si tuviera alas de papel como los barriletes, me gustaría cruzar el mar, pero sé que no llegaría.

Este futuro parece haberse llevado varias cosas milenarias: las estrellas de la noche, las cometas en la plaza y también los potreros o baldíos. Todas las ciudades tenían esos espacios abiertos para jugar, cavar pozos, buscar tesoros, encontrar piedras de colores y llevarlas a casa; pero en algún momento se volvieron peligrosos o caros, y ahora están cerrados o con torres de departamentos. Ya no quedan lugares para buscar tesoros imaginarios.

Pero algo todavía persiste: aún hoy Dios escucha, como en la antigüedad, nuestras oraciones, las pone en su redoma y las pesa; y cuando las responde, su palabra recorre la tierra, con la lluvia y sus pasos, con el viento y su canto, con el mar aplaudiendo con sus olas, y mis ojos se maravillan de sus milagros. Y eso, este futuro que finalmente llegó, no podrá quitármelo jamás.


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