La divina comedia de la sociedad y la política Argentina
Escrito por Rubén Felix Galvano
Los sectores oligárquicos que gobernaron Argentina hasta 1916, habían construido un país de bases liberales, con políticas que marcaron el rumbo de la Argentina. Pero los sectores populares y las clases medias se veían excluidos de ese proyecto de país, y no se conformaban con medidas tibias.
Es por eso que con la sanción de la ley Sáenz Peña n° 8871, los sectores medios también liberales, pero no oligárquicos, tomaron el poder político, aunque no el poder económico del país. Luego, con la primera interrupción democrática, el 6 de septiembre de 1930, los sectores civiles oligárquicos junto con los principales cargos jerárquicos de las fuerzas armadas, retomaron el poder para dirigir el rumbo de la nación.
La principal razón de los golpes de Estado fue la imposibilidad de los sectores que manejaban la economía a acceder democráticamente al poder de la estructura estatal; Situación que empeoró con la aparición de “San Perón”.
Por lo tanto, la lógica política del siglo pasado, era gobernar el rumbo económico del país, sin concederle a la población la posibilidad de elegir libremente el rumbo político de la nación.
Este análisis es preciso pero poco detallado, ya que la idea del texto es hacer una reseña que intente entender la lógica de la política argentina.
Dicho proceso casi borgeano (por lo circular) caducó ya que el abuso de las interrupciones cívico-militares desarrolló movimientos sociales de izquierda radicalizados. Un Perón exiliado con una altura y capacidad mítica, y una dictadura militar que se caracterizó por una violencia extrema y sin justificación, para intentar disciplinar una sociedad civil que es consecuencia de sus reiteradas apariciones.
Ese cóctel explosivo se mezcló en una crisis social, económica y política tan grande que concluyó en uno de los episodios más trágicos e inentendibles de la historia; la guerra de Malvinas. Una patriada tan trágica y absurda, como la grandeza de los jóvenes que se convirtieron en héroes.
Entonces volvió la democracia, con una alternancia de gobiernos radicales y peronistas que no pudieron solucionar la crisis económica, ni buscar un lugar en un mundo para la quinta economía más poderosa de América. Todo esto lleva a una crisis política inflacionaria a finales del 2001, la segunda en 17 años.
En medio de todos esos procesos políticos, y como resultado de la crisis económica, aparece en medio de la crisis un desarrollismo económico, con base peronista y montonera que llegaría a tres presidencias, reformando la política de Argentina con un populismo basado en derechos, planes sociales y cambios estructurales que no pudieron canalizar, ni potenciar las características económicas de la Argentina.
El problema del peronismo sin Perón en Argentina es de base doctrinal, es como el marxismo sin Marx. Por más que el comunismo se basa en los escritos de Marx y Engels, la realidad estuvo lejos de lo que se propone en la teoría. Lo mismo pasa con el peronismo, mucho de lo que se llamó como éste entre 1990 y 2023, si lo comparamos con los escritos de Perón no lo fué, ni lo será.
Pero ¿cómo frenar a este movimiento político de centro izquierda?. Al final, en la unión entre los radicales y sectores de derecha nace el “PRO”, partido que llevaría la oligarquía política al poder nacional en su segunda elección, allí por el 2015, luego del gobierno de varias provincias en años anteriores. Un gobierno tibio que dijo en sus discursos terminar con el peronismo y cambiar el país, pero que terminó siendo una promesa de amor eterno en una primera cita.
Hasta acá tenemos una sociedad civil que en su historia fue revolucionaria y radical, pobre y anarquista, trabajadora y peronista, de izquierda y peronista, radical, montonera, de derecha, con simpatías oligárquicas o pro militares, kirchnerista y antiperonista, hasta que…
Aparece un personaje mediático, que logró aglutinar el descontento de una población que entendía que los problemas eran los políticos. Un partido social armado con sectores de la ultra derecha, peronistas excluidos, radicales arrepentidos y personas que no veían en las alternativas políticas una representación. Todo esto adobado con un discurso anti casta política, profecías de solución económica, que convertirían a Milei en “San Milei”.
La gran pregunta es ¿se puede hacer política en Argentina sin personalismos? ¿Se puede vivir el fútbol sin fanatismos? Entonces entendemos que somos una sociedad de todo o nada, nos vivimos prometiendo amor eterno en la primera cita, desde la fundación que estamos buscando un “Jesús personal”. Lo nuestro es amor u odio, violencia o displicencia, locura o cordura. Vamos por todos y nos olvidamos del otro. Tal vez, nuestro problema es que estamos esperando un mesías pero no queremos hacer ningún sacrificio personal para seguirlo.
Pero los políticos que tenemos son parte de la sociedad que tenemos y fruto de la misma; necesitamos cambiar, pero no sabemos como. Aunque de esto estoy seguro; ningún personalismo político nos salvará, porque nunca lo hizo.
En nuestra constante búsqueda de líderes y respuestas en tiempos de incertidumbre, no es extraño que los pueblos se acerquen a figuras casi míticas, dirigentes con poderes de salvarnos aun de nosotros mismos, personajes cómo Rosas, Yrigoyen, Kirchner o Menem, han aparecido ofreciendo redención o guía. Tal como en la historia, donde se narran sacrificios supremos por el bienestar de muchos, hay ecos de enseñanzas profundas sobre amor, compasión y entrega total, que ya nos han dejado una asilo eterno. Qué mejor enseñanza que amar al que nos lastima y ver al otro con amor, aunque sean del partido político culpable de tantos males, para ayudar a cerrar estás heridas de todo o nada y encontremos verdadera libertad.
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