¿Para qué sufrimos? La libertad de Dios

 


Escrito por Rubén Felix Galvano


Introducción

¿Alguna vez leyeron el libro de Job? O mejor dicho, ¿alguna vez reflexionaron sobre el libro de Job? Hace mucho tiempo pensé que trataba de explicar el porqué del sufrimiento; obviamente ese es el mensaje central, pero la libertad de Dios y su justicia es el elemento fundamental de dicha obra maestra.

El debate filosófico

En cierta manera, el debate teológico y doctrinal gira en torno a una manera de pensar que ha sobrevivido a lo largo de los años: el famoso "algo habrá hecho". En la antigüedad —como muchos aún hoy— se pensaba que si hacías las cosas bien y no habías pecado, te iría bien y, por lo tanto, no sufrirías. Obviamente, si eras una persona honrada y venía algún mal a tocar la puerta de tu tienda, es que tenías pecados ocultos que omitiste. ¿Por qué? No te diste cuenta, como cuando usas las redes sociales y publicás cosas ofensivas para tu hermano al mismo tiempo.

El autor del libro de Job —del que no sabemos quién fue, ni tampoco la fecha exacta de su primera publicación— debate con esta manera de pensar, como lo afirma en el capítulo 21: "los malos también prosperan". Por lo cual pensar que si sos bueno no te va a pasar nada es una de las cuatro patas de la teología de la no-fe.

Luego viene el juicio por parte de sus amigos, que representan cuatro posturas de ver la fe y la religión: el misticismo, el tradicionalismo, el dogmatismo y la juventud. Job se debate con sus amigos, y cada uno expresa argumentos sobre él que se pueden resumir en: "algo hiciste, arrepentite", "Dios es sabio", "los sufrimientos nos pulen", y mi favorito: "vos te creés santo, pero todos sabemos en realidad cómo sos". Toda una batalla de hip-hop de la Edad Antigua.

Todos estos comentarios los escuchaste si alguna vez te tomaste unos mates en familia, entraste a los comentarios de una noticia en Facebook, o estuviste en una parada de colectivo. Pero los mismos poseen una riqueza espiritual y poética, y cubren el más amplio espectro de argumentos y contraargumentos.

No es que estos argumentos no sean válidos —como cualquier manera de pensar—, lo que pasa es que nuestra manera de pensar no define a Dios ni sus estructuras. La realidad es que los amigos de Job querían explicar lo inexplicable, cuando la situación necesitaba otra cosa: misericordia, amor. Hay valores más importantes que explicar por qué nos pasó algo horrible; lo que Job necesitaba era un abrazo consolador y un sánguche de milanesa.

Job fue fiel

Aun así, en medio de todas las calamidades, Dios sabía que Job se mantendría fiel. Como dicen los teólogos Larson, Hubbard y Bush en su libro Panorama del Antiguo Testamento:

""¿No ha considerado a mi siervo Job?" (1.8; 2.3) es una pregunta apropiada para todos. Santiago usa a Job como ejemplo de aquellos que aprenden a ser felices en la escuela del sufrimiento: "He aquí tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo" (Stg. 5.11). ¿Hay mejor resumen del mensaje del libro: uno que sufre pacientemente sostenido por los brazos de un Dios compasivo y misericordioso?"

Larson, Hubbard y Bush, Panorama del Antiguo Testamento

Dios elige a Job para la prueba porque conoce su fe, su paciencia, porque sabe que no lo abandonaría, y conoce lo que quiere hacer en su vida: algo que el diablo nunca entendió ni aceptó, el propósito eterno. Lo que diferencia a las personas que atraviesan pruebas y las superan es justamente llegar a entender esta verdad: Dios nos acompaña, su amor no nos abandona.

Dios posee autoridad, y en todo el libro vemos a alguien que tiene su mirada fija en Él. Job sabe que lo que le está pasando no es producto del pecado; sufre, pero no tiene culpa alguna, y sabe que si espera en Dios, verá su justicia.

Dios reprende a los amigos

Al final del libro, Dios hace algo que muchos olvidan: reprende a los amigos de Job. No los felicita por sus argumentos teológicos, no los premia por haber defendido su nombre; los reprende, porque hablaron de Él sin conocerlo. "No habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job", les dice el Señor (Job 42.7). Todo su saber, toda su tradición religiosa, toda su elocuencia no bastó, porque partían de una imagen falsa de Dios. Y el final es paradójico: Job —el que dudó, el que se quejó, el que clamó desde el dolor— es quien debe interceder por ellos. Solo las oraciones de Job, el sufriente, fueron aceptadas. Esto nos deja una enseñanza poderosa: no es el que más sabe hablar de Dios el que está más cerca de Él, sino el que lo busca desde la honestidad de su condición.

Dios se mueve con libertad

En todo momento la obra resalta a Dios: nunca pierde la soberanía y la autoridad sobre la situación, sobre su creación. Se mueve con libertad y, al final, brilla su misericordia y potestad. El diablo puede entrometerse solo si Dios lo permite, y al final todo nos lleva a la conclusión que hace Job:

"De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven."

Job 42.5

Antes tenía fe, pero ahora es más fuerte porque conoce el trato y el amor de Dios.

La finalidad siempre es redimirnos y cambiar nuestra condición de naturaleza caída, obra que es concluida en Cristo. Pero no se puede volver al centro, a Dios, sin ser pulidos, santificados. Dios tiene la libertad de tratar nuestras vidas, y la autoridad para hacerlo.

Al final, todo el sufrimiento no se puede explicar, pero sí sabemos que en la prueba nos sentimos más cerca de Dios. Ver su vara y su cayado hace que las fuerzas se renueven.

"Porque Él inflige dolor, pero da alivio; Él hiere, pero sus manos también sanan."

Job 5.18

Este libro nos deja un mensaje muy antiguo que no ha perdido poder: que aun en la situación más compleja, si uno está parado en la roca de la fe mirando a Dios, puede llorar, afligirse e incluso enojarse, pero nunca caer, porque Dios es nuestro padre y sabe para qué sufrimos.

Porque Dios nunca nos prometió que no sufriríamos, que no nos costaría, ni que sería rápido; pero sí nos prometió que estaría con nosotros, que nos consolaría y...

"Porque nuestra tribulación, que al presente es momentánea y leve, nos obra en sobremanera un alto y eterno peso de gloria..."

2 Corintios 4.17


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